sobre sendas imborrables
y me bendijo su abrigo.
«¡Soledad eres la carpa
De niña aprendió a llorar callada.
Frazada de lágrimas, lánguida mirada.
Cabellos de trigo y ojos de miel,
labios rosados, pecas en la piel.
Se vestía simple, en colores sobrios.
Calzón de mezclilla, blusón de algodón.
Una cadenita, un reloj de oro
y unas zapatillas de cuero marrón.
¡Pero su cabello lo llevaba suelto!
Libre como el viento, claro como el sol.
En el albergaba miles mariposas
lágrimas con alas y un ruiseñor
que de vez en cuando le cantaba nanas
para que durmiera un poco mejor.
De su mente libre, forjada en anhelos
pulsando vertiente tenía un mantial
que abría caminos y regaba sueños...
Sueños que crecían alas a volar
entre nubes blancas de inmensa belleza
hacia el amplio cielo de su libertad.
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