Noche, te siento fría
e insistes en tus caricias.
De escarcha están hechos tus besos
y yo perdí mi cobija...
Líbrame de la inclemencia
de tus labios congelados,
tallados por la helada brisa
en tu figura de hielo;
esa que pretende tener vida
y que pintas color rosado.
Bajo tu astro sin tibieza
la campiña se ve tiesa,
los caminos lucen blancos
nieve cubre la maleza.
Solo queda un árbol oscuro
que, al final del sendero,
rige con total arrogancia
a un ave que, por ser fiel,
sucumbe muerta de frío
congelándose a sus pies.