con mi rostro en su memoria
Miguel se llamaba el hombre
que un día me habló de estrellas.
Recuerdo que esa noche
me fui con Luis a bailar
y Miguel se quedó mirando
estrellas en alta mar.
Puede ser que alguna vez
le di alguna esperanza
pero mi forma de amar
tiene su ritmo y su danza.
Él insistía en los astros
en flores y cosas raras
rezos y letanías
muy lentas y sin sabor:
y mi vida no me alcanza
pues el tiempo es apremiante
ámame hoy que existo
quisás no esté aquí mañana.