¿En qué momento tus caricias
cambiaron a cicatrices?
¿Cuándo fue que dolieron todos tus besos?
Y tus manos:
esas manos que llenaban mis vacíos,
¿En qué momento fueron libres de marcar mi piel con tanto hastío?
Hoy mis pasos se alejan
de tus ojos.
Corren despavoridos cual gacela
que intenta escapar
de lo que ha sufrido.
Cicatrizando el zarpazo
de tus garras, desea olvidar
la bestialidad de tu rugido.
Hoy me alejo porque puedo
y porque quiero dejar atrás
el dolor inmerecido
y aunque te he amado
muy profundo, me respeto.
Soy Gea:
¡madre de los seres vivientes de este mundo!
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