Frente a la oscuridad de la noche
a un paso de un abismo insondable,
me sostuvo una fuerza que invisible
mantuvo mi espíritu inquebrantable.
Y fue en la brecha de duras circunstancias que aprendí
no dar lugar para el quebranto.
Me hice amiga de las sombras
de la noche
canté nanas a los hijos del espanto
y cuando el alba esclarecía
entonaba en libertad, un nuevo canto.
En la bruma cotidiana, muchas veces,
extravié el compás y no vi el camino...
Mas mi entereza vital me dirigía
a proseguir adelante a mi destino.
¿Qué importa?...
Si el sendero está bloqueado
Si oropeles se adhieren a mi sino
Si penando pago una condena,
o si el mar me ruge enfurecido...
¡Voy luchando en la batalla de mi vida;
y prosigo adelante en mi camino!