sábado, 20 de diciembre de 2014

Café, que quiero alas

Finalmente llegó el día:
me encontré lejos de ti,
reconstruyendo ilusiones
y deseos de vivir.
Me dirigí a la plaza,
caminé frente a su fuente
y continué, diligente,
hacia aquel viejo café.

Disfruté del rico aroma
del café recién colado,
sin apuros ni quehaceres
en el comienzo del día.
La rica infusión en mi taza
completaba mi armonía.

Y recordé la agonía
que había sufrido por ti,
y me hice diez preguntas
que no tendrás que oír.
Saqué mi viejo cuaderno
para leer las poesías;
esas que, en mejores tiempos,
antes de ti yo escribía.

¡Qué bien se sintió ese día 
con ese instante esperado,
tan libre y tan placentero,
cuando logré con mis ojos
ver mis deseos sumados!
Disfrutar de mi café,
relajada en el sofá
del «Coffee Shop de Justina»,
totalmente liberada
de tu asfixiante rutina.
  
"Diario de una mujer amante del café "

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