Maldigo esta pasión que quema
y me encadena a su destino.
Me impide razonar
y bloquea mi camino.
Atormentado por ansias
de pulsiones reprimidas
que insisten en subyugarme
ya no respiro tranquilo:
en momentos como este,
¡tan solo deseo el olvido!
Y en el preciso momento
en que la veo, vacilo.
En las noches soy pelele,
por sus caricias mendigo.
Su amor me ha quebrantado
con su cruda indiferencia.
Viene y va a su antojo
pues sabe que estoy vencido.
Un tormento como éste
me hace anhelar el olvido:
mas si sonríen sus ojos
en ese preciso instante,
¡vacilo!
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