Aunque nadie fue testigo,
ahí estuvimos.
Frente al mar mecidos por la luna,
bajo palmeras, mirando al horizonte
en una larga y calurosa noche de verano.
El otoño viene a obsequiarme
un mar de hojas de colores,
que al caer recubren la vera caminada.
Sutil ternura de una luz montuna,
que abrillantan las tonalidades
hermosas y a su vez distantes.
El Mar Caribe muy al sur
entona su aria melodiosa
y al imaginarlo desde aquí
mi alma goza: al comprender
que aun estando lejos
mi mar querido, me convoca.